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TALLER DE HABILIDADES SOCIALES Y CRECIMIENTO PERSONAL. ADOLESCENTES Y JÓVENES

Os presentamos el Taller de Habilidades Sociales y Crecimiento Personal para Adolescentes y Jóvenes que tendrá lugar en nuestro Centro de Alcobendas durante los jueves 23 de Marzo, 6 de Abril, 11 de Mayo y 8 de Junio de 17h a 19h.

Inscripciones por web: https://goo.gl/forms/uDvDnyJqrl5en1l73

¿POR QUÉ “NOS HACE ESTO”?

En las primeras etapas del tratamiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, con frecuencia nos encontramos que la familia se enfrenta con dos sentimientos opuestos. Por una parte, está la culpa que sienten los padres y las madres por la enfermedad que padecen sus hijos/as (“¿Qué hemos hecho mal?”) y por otra, la creencia velada de que el/la paciente “finge” o “exagera” su sintomatología para llamar la atención (“¿Por qué nos hace esto?”).comunicacion1

 Si bien es cierto que los síntomas nos alertan sobre la existencia de algún problema, en ningún caso éstos son motivados de una manera consciente por el/la paciente, y es muy importante trabajar con la familia este aspecto para evitar crear un sentimiento mayor de culpa en el/la paciente, ya que éste puede ser muy contraproducente de cara al camino hacia la recuperación.

Entre los comportamientos que llevan a los padres y madres a personalizar en sí mismos lo que les ocurre a sus hijos/as están, por ejemplo, las mentiras que surgen para ocultar aquellas acciones que podrían resultar avergonzantes (como la evitación de la ingesta, los vómitos autoinducidos, la realización de actividades compensatorias, etc.), o los constantes enfrentamientos con sus figuras de apego (es muy común que el/la paciente se rebele contra las personas más relacionadas con las conductas que pretende evitar, dando lugar a situaciones muy tensas en la familia). Además es en la familia donde el/la paciente ha tenido sus primeros conocimientos sobre quién es y qué lugar ocupa en el mundo, siendo en gran medida, donde ha empezado a forjarse la imagen de sí mismo, imagen de la que dependerá el desarrollo de su autoestima, pudiendo fomentar tanto en los padres y madres como en los/las hijos/as, la idea equivocada de atribuir toda la responsabilidad de la enfermedad a uno/a  u otro/a miembro de la unidad familiar, dejando a un lado otros factores que también pueden ser determinantes de cara a padecerla, como los factores genéticos o ambientales externos.

Aprender a distinguir el síntoma del comportamiento intencionado, libera y relaja las relaciones familiares, ayudando a aliviar los sentimientos negativos que provoca el pensar que el/la paciente realiza uno u otro comportamiento con el deseo de herir, agredir o llamar la atención de los que le rodean.

Es por tanto fundamental plantear el trabajo a realizar en terapia no sólo con el paciente, sino también con su núcleo familiar, ya que la enfermedad daña a nivel global el entorno de quien la padece y el avance a la recuperación depende, no sólo de la actitud de quien padece el trastorno, sino también de quienes le rodean, que actúan como importantes agentes de apoyo y cambio.

Patricia Boldú de Luelmo
Psicóloga especializada en TCAs

Los TCAs desde la familia: “Mi hija/o me odia”

 

A menudo a la consulta acuden los/as padres/madres de las/os pacientes que padecen TCA bajo una afirmación tan dura como desgarradora, “Mi hija/o me odia”. Relatan que la relación que tenían antes de la enfermedad se ha difuminado, ya no hay complicidad, no hay conversaciones, sólo gritos, discusiones, reproches, amenazas y además, a partir del comienzo del tratamiento, ha empeorado.Madres e Hijas

La queja suele provenir del cuidador principal que, en la mayoría de las ocasiones, es la madre.

De manera subjetiva, es una afirmación muy dolorosa, sin embargo, olvidamos un factor importante: es el cuidador principal quien se ocupa de organizar y servir las comidas (horarios, cantidades, reposos, etc.), razón por las que las/os pacientes tienden a identificarle con un estímulo aversivo que es inmediatamente traducido por “mi madre/padre quiere que engorde”, lo cual les genera gran malestar.

Además, debemos de tener en cuenta que existe una sensación de pérdida de control por parte del paciente. Recordemos que, a través de una distorsionada relación con la alimentación, es como las/os pacientes palían su necesidad de control.

Aunque genera mucha tensión intrafamiliar, el/la cuidador/a no puede ceder a la coacción que la enfermedad ejerce, y debe mantenerse firme a las indicaciones dadas en consulta, porque, aunque no es fácil, es la única manera de ayudar a su hijo/a a vencer la enfermedad.

Esta situación no es preocupante y tiende a remitir con el tiempo, ya que ocupa su lugar dentro de la terapia psicológica que llevamos a cabo en consulta. Es necesario entender que no se trata de un enfrentamiento personal, sino de un paso inevitable en el camino hacia la recuperación.

Patricia Boldú de Luelmo
Psicóloga especializada en TCAs