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¿POR QUÉ “NOS HACE ESTO”?

En las primeras etapas del tratamiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, con frecuencia nos encontramos que la familia se enfrenta con dos sentimientos opuestos. Por una parte, está la culpa que sienten los padres y las madres por la enfermedad que padecen sus hijos/as (“¿Qué hemos hecho mal?”) y por otra, la creencia velada de que el/la paciente “finge” o “exagera” su sintomatología para llamar la atención (“¿Por qué nos hace esto?”).comunicacion1

 Si bien es cierto que los síntomas nos alertan sobre la existencia de algún problema, en ningún caso éstos son motivados de una manera consciente por el/la paciente, y es muy importante trabajar con la familia este aspecto para evitar crear un sentimiento mayor de culpa en el/la paciente, ya que éste puede ser muy contraproducente de cara al camino hacia la recuperación.

Entre los comportamientos que llevan a los padres y madres a personalizar en sí mismos lo que les ocurre a sus hijos/as están, por ejemplo, las mentiras que surgen para ocultar aquellas acciones que podrían resultar avergonzantes (como la evitación de la ingesta, los vómitos autoinducidos, la realización de actividades compensatorias, etc.), o los constantes enfrentamientos con sus figuras de apego (es muy común que el/la paciente se rebele contra las personas más relacionadas con las conductas que pretende evitar, dando lugar a situaciones muy tensas en la familia). Además es en la familia donde el/la paciente ha tenido sus primeros conocimientos sobre quién es y qué lugar ocupa en el mundo, siendo en gran medida, donde ha empezado a forjarse la imagen de sí mismo, imagen de la que dependerá el desarrollo de su autoestima, pudiendo fomentar tanto en los padres y madres como en los/las hijos/as, la idea equivocada de atribuir toda la responsabilidad de la enfermedad a uno/a  u otro/a miembro de la unidad familiar, dejando a un lado otros factores que también pueden ser determinantes de cara a padecerla, como los factores genéticos o ambientales externos.

Aprender a distinguir el síntoma del comportamiento intencionado, libera y relaja las relaciones familiares, ayudando a aliviar los sentimientos negativos que provoca el pensar que el/la paciente realiza uno u otro comportamiento con el deseo de herir, agredir o llamar la atención de los que le rodean.

Es por tanto fundamental plantear el trabajo a realizar en terapia no sólo con el paciente, sino también con su núcleo familiar, ya que la enfermedad daña a nivel global el entorno de quien la padece y el avance a la recuperación depende, no sólo de la actitud de quien padece el trastorno, sino también de quienes le rodean, que actúan como importantes agentes de apoyo y cambio.

Patricia Boldú de Luelmo
Psicóloga especializada en TCAs

Los TCAs desde la familia: “Mi hija/o me odia”

 

A menudo a la consulta acuden los/as padres/madres de las/os pacientes que padecen TCA bajo una afirmación tan dura como desgarradora, “Mi hija/o me odia”. Relatan que la relación que tenían antes de la enfermedad se ha difuminado, ya no hay complicidad, no hay conversaciones, sólo gritos, discusiones, reproches, amenazas y además, a partir del comienzo del tratamiento, ha empeorado.Madres e Hijas

La queja suele provenir del cuidador principal que, en la mayoría de las ocasiones, es la madre.

De manera subjetiva, es una afirmación muy dolorosa, sin embargo, olvidamos un factor importante: es el cuidador principal quien se ocupa de organizar y servir las comidas (horarios, cantidades, reposos, etc.), razón por las que las/os pacientes tienden a identificarle con un estímulo aversivo que es inmediatamente traducido por “mi madre/padre quiere que engorde”, lo cual les genera gran malestar.

Además, debemos de tener en cuenta que existe una sensación de pérdida de control por parte del paciente. Recordemos que, a través de una distorsionada relación con la alimentación, es como las/os pacientes palían su necesidad de control.

Aunque genera mucha tensión intrafamiliar, el/la cuidador/a no puede ceder a la coacción que la enfermedad ejerce, y debe mantenerse firme a las indicaciones dadas en consulta, porque, aunque no es fácil, es la única manera de ayudar a su hijo/a a vencer la enfermedad.

Esta situación no es preocupante y tiende a remitir con el tiempo, ya que ocupa su lugar dentro de la terapia psicológica que llevamos a cabo en consulta. Es necesario entender que no se trata de un enfrentamiento personal, sino de un paso inevitable en el camino hacia la recuperación.

Patricia Boldú de Luelmo
Psicóloga especializada en TCAs

Frutos de nuestro Grupo de Investigación

Investigar no es fácil, máxime si la actividad investigadora no se encuadra en un entorno institucional, como la universidad, cuna natural de la investigación en España. Cuando la tarea se realiza en el ámbito profesional privado la situación se complica. Los recursos, el tiempo, el coste material debe proceder directamente del “bolsillo” de quien se embarca en el proyecto, no de financiaciones estatales o autonómicas, becas, etc. Sin embargo, en mi área específica de conocimiento, la Psicología clínica, es donde, en mi opinión, más sentido tiene embarcarse en esta labor investigadora. Nuestro esfuerzo acaba teniendo una repercusión inmediata en la calidad de vida de los y las pacientes, mejora el éxito terapéutico y es, en nuestro caso, en el ámbito privado (desgraciadamente) donde fundamentalmente se desarrolla, de forma aplicada, nuestra ciencia.

No podemos eludir esta responsabilidad de mantener una actitud constante de reciclaje, aprendizaje, verificación de la eficacia de nuestras intervenciones… Y entendemos que una excelente manera de hacerlo es aunar fuerzas y esfuerzos. Por esta razón nació el Grupo de Investigación del METODO PETTCA, formado por profesionales independientes de diversos puntos de nuestra geografía, todas investigadoras y especializadas en los Trastornos de la Conducta Alimentaria, que nos sincronizamos y coordinamos para desarrollar y validar nuevas estrategias de intervención, de ayuda, con el máximo de garantías posibles.

Fruto de este trabajo colaborativo hemos podido compartir, en el marco del X Congreso sobre avances en Trastornos de la Alimentación, celebrado en Madrid, algunos de los resultados de nuestros proyectos, y ahora los compartimos también con quienes nos leéis. Os dejamos aquí los poster presentados sobre las investigaciones que en este momento estamos llevando acabo de forma colaborativa las investigadoras de los centros:

Sonia Villar
Psicóloga Clínica en CAAP Psicología
Véase también: https://caappsicologia.wordpress.com/2015/05/30/frutos-de-nuestro-grupo-de-investigacion/

Información ampliada sobre los proyectos de investigación aquí.

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NACE LA PRIMERA APP GRATUITA DE APOYO A PERSONAS AFECTADAS POR TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA

La nueva aplicación tiene como objetivo convertirse en una herramienta de apoyo a pacientes y terapeutas en casos de TCAs.

Entre sus contenidos, las autoras, destacan la existencia de diferentes herramientas y técnicas para el entrenamientoRelajacion en el control de la ansiedad y los pensamientos obsesivos que se convierten en los mantenedores principales del trastorno.

Técnicas de relajación, respiración anti-estrés, cálculo mental… son algunas de las actividades que pueden entrenarse con ayuda de esta app. Igualmente están disponibles consejos relacionados con momentos “críticos” en el día a día de las personas afectadas, como son el vestirse, comer, salir, etc., que tienen la finalidad de ayudar a hacer más llevaderas estas situaciones estresantes.Menu

La app incluye también acceso a una encuesta sobre su usabilidad y utilidad que recogerá las opiniones aportadas por las usuarias y profesionales que la cumplimenten con el objetivo de incluir mejoras en las futuras versiones de la aplicación.

Tras este proyecto encontramos al Grupo de Investigación METODO PETTCA, grupo formado por profesionales de la práctica clínica que desarrollan su labor especializada en el abordaje de los TCAs en centros de Granada y Madrid. Las investigadoras y psicólogas Patricia Boldú de Luelmo, Sara Coca Arco y Ana Morales Carmona, coordinadas por la Psicóloga Clínica Sonia Villar Rodríguez, trabajan ya en las futuras mejoras, así como en otros proyectos de investigación relacionados con la intervención en estas, y otras, difíciles patologías.

 

InfoAPPblog

 


Componentes Grupo de Investigación METODO PETTCA:

Sara Coca Arco (www.granadapsi.com)

Ana Morales Carmona (www.granadapsi.com)

Patricia Boldú de Luelmo (www.buelpsicologia.es)

Sonia Villar Rodriguez (www.caap-psicologia.es)

Véase también en: http://expertoentrastornosdelaalimentacion.com/blog/2015/03/31/nace-la-primera-app-gratuita-de-apoyo-a-personas-afectadas-por-trastornos-de-la-conducta-alimentaria/

TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA EN EL DEPORTE: FACTORES PREDISPONENTES Y MANTENEDORES

La práctica continuada de deporte puede constituir un factor de riesgo para  el desarrollo de los Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA), mucho más si dicha práctica se realiza de forma abusiva y sin supervisión.

No obstante, dicho riesgo depende, no sólo de la asiduidad, si no de la categoría en la que se realice (a mayor profesionalización, mayor posibilidad) y de las exigencias que ésta conlleve (importancia de lasTCA en el deporte medidas corporales y el peso para aumentar el rendimiento). Dentro de los deportes de más riesgo, encontramos los deportes estéticos (p.e. gimnasia rítmica, patinaje artístico, danza, etc.), los deportes de categorías (p.e. boxeo, lucha libre, judo, etc.), los deportes de resistencia (p.e. natación, ciclismo, etc.) y los realizados en gimnasios (p.e. culturismo, aerobic, etc.).

¿Qué factores pueden desencadenar un TCA en deportistas?

Los cambios corporales que se producen en la adolescencia, unidos a una baja autoestima, escaso autoconcepto, dificultades en el afrontamiento de dichos cambios, y  los comentarios externos recibidos por parte de personas significativas (amigos, familiares, etc.), pueden actuar como predisponentes de cara a un TCA. Dentro del ámbito deportivo, se une además la necesidad de mantener un determinado peso o de recuperarlo tras un periodo de inactividad prolongado en el que se ha ganado en exceso (vacaciones, convalecencia por debida a una lesión, etc.), mediante dietas estrictas  u otro tipo de estrategias para reducirlo.

¿Qué factores mantienen el TCA en deportistas una vez instaurado?

Los factores de mantenimiento de un TCA en deportistas pueden englobarse en tres ámbitos: La continuidad de una dieta estricta o de hábitos poco saludables para mantener el peso, el autorefuerzo de éxito a corto plazo por lograr el peso ideal que pueda mejorar el rendimiento deportivo (y por tanto los resultados) y el refuerzo social (presión), que en este caso no sólo se da por parte de la familia, los amigos y los allegados, sino también por parte de entrenadores, y compañeros de equipo, etc.

Otros factores que también influyen serían la sensación de control (autocontrol), la posesión de un cuerpo infantil (tan reforzado por ejemplo en prácticas como la gimnasia rítmica o el ballet, donde alcanzar un cuerpo prepuberal  se convierte en algo “necesario” para la consecución del éxito), o factores familiares (como las altas expectativas en el futuro deportivo de los/as hijos/as) o las necesidades económicas (cuando el sustento familiar depende del éxito deportivo).

Además, muchos deportistas acostumbrados a seguir dietas constantes (en ocasiones, deportistas que realizan dietas restrictivas de forma permanente), pueden llegar en ocasiones a recurrir sobreingestas (los llamados atracones) en respuesta a la aparición de una “necesidad ansiosa” por comer, acudiendo después a vómitos y laxantes para reducir su sentimiento de culpa y el miedo a engordar, sumergiéndose sin saberlo en el círculo vicioso del trastorno.

Patricia Boldú de Luelmo
Psicóloga especializada en TCAs

DESCUBRIENDO LA ORTOREXIA

Todos hemos oído hablar alguna vez de Ana y Mía, como las consideradas diosas o princesas por las jóvenes que padecen Trastornos de la Conducta Alimentaria. Ana responde a la perfección buscada por la Anorexia y Mía a la buscada por la Bulimia. Su culto prolifera a pasos agigantados en Internet a través de webs y blogs que son visitados diariamente por aquellas personas que padecen estos trastornos, siendo en un 95% público adolescente. A estos dos personajes se ha unido Alisa, que es la considerada diosa por las personas afectadas por la Ortorexia (Ali: Alimentación; Sa: Saludable).

La ortorexia nerviosa, tal y como originariamente se definió, indica una obsesión enfermiza por el consumo de alimentosmanzanas saludables. El término se deriva del griego orto, que significa “derecho” o “correcta”. Aunque podríamos pensar que el consumo de alimentos saludables entra dentro de lo “deseable”, el problema viene dado por la palabra “obsesión”. El /la paciente con ortorexia consume su vida en la planificación de una “Dieta Saludable” (siempre “autoimpuesta” y por tanto no carente de déficits nutricionales), que le ocupa el 100% de su tiempo. La vida de un/una paciente que padece ortorexia gira en torno a la planificación obsesiva de la ingesta de una alimentación “saludable”, por lo que tiende a aislarse socialmente.

En el trascurso de la enfermedad, el/la paciente pierde la capacidad de comer intuitivamente: la incapacidad para comer de forma natural, de reconocer el hambre y de saber cuando están saciados.

La autoestima de los/as pacientes que padece ortorexia queda a la merced de la elección de “alimentos saludables”, siendo cualquier error que se cometa en la elección de los mismos motivo de sentimientos de culpa, recurriendo entonces a procesos bulímicos de liberación (purgas y vómitos) para volver acto seguido a la dieta saludable.

La ortorexia comparte con la anorexia la rigidez en el control de su dieta y, con la bulimia, la tendencia a la purga tras el consumo de alimentos “no saludables”, pero es más fácil de detectar dado que, a diferencia de la anorexia y la bulimia, los/as afectados/as son muy abiertos/as a la hora de expresar sus costumbres alimentarias, se enorgullecen de la percepción de sus opciones saludables y no se abstienen de decirlo a los demás. De hecho, tienden a menospreciar a los demás que no siguen este tipo de estrictas reglas dietéticas.

Aunque nos se encuentra aún catalogada como trastorno en el DSM (no aparece en el nuevo Manual DSM-V), ni en el CIE-10, podría incluirse al igual que la vigorexia (trastorno en el cual una persona sufre una constantemente preocupación por parecer demasiado pequeña y débil, tendiendo al abuso del ejercicio físico y los esteroides), como TCANE (Trastornos de la Conducta Alimentaria no especificados).

Patricia Boldú de Luelmo
Psicóloga especializada en TCAs

Ver también en:

http://expertoentrastornosdelaalimentacion.com/blog/2014/05/26/descubriendo-la-ortorexia/

PREGOREXIA: UN TRASTORNO DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA CASI DESCONOCIDO

Los trastornos de la conducta alimentaria más comunes son la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa (más conocidas como “anorexia” y “bulimia”). Pero existen otros trastornos relacionados con la alimentación que, no estando aún categorizados en los manuales DSM-V y CIE-10, comienzan a aparecer entre la población, como la vigorexia, la ortorexia o la pregorexia. Vamos a detenernos hoy en esta última. ¿Qué es la pregorexia?

La palabra pregorexia deriva de la combinación de los términos “pregnancy” (embarazo en inglés) y anorexia, haciendo referencia a un trastorno que aparece cuando la mujer intenta bajar peso y mantenerse delgada durante la gestación, lo que implica una ingesta alimentaria por debajo de los niveles calóricos y nutricionales saludables necesarios y correspondientes al embarazo. Las mujeres que padecen este trastorno se preocupan de forma exagerada por su figura, además de no querer y tener miedo a aumentar mucho de peso durante el embarazo, por lo que restringen su ingesta calórica, pudiendo inducirse vómitos y aumentando su actividad física, para eliminar las pocas calorías que ingieren. Como consecuencia de esta restricción alimentaria se produce la malnutrición y el descenso o no aumento del peso deseable durante el periodo de gestación.Se trata de una palabra inicialmente acuñada en 2008 por los medios de comunicación norteamericanos, también llamada comúnmente “anorexia del embarazo”, para describir un concepto y un conjunto de síntomas nuevos englobados dentro de una patología ya existente, la anorexia.Los casos de pregorexia han sufrido un fuerte aumento en gran medida a causa de la presión social sobre los patrones debarriguita belleza y a la proliferación de imágenes de embarazadas famosas que se mantienen delgadas durante los nueve meses de gestación, regresando a su figura esbelta rápidamente tras el parto. El embarazo es un momento crítico y muy propenso a desarrollar trastornos alimentarios (tanto en exceso como en defecto), más aún si se trata de embarazos adolescentes.Los peligros a los que se enfrentan tanto la madre como el propio proceso de embarazo son muchos. Algunas de las problemáticas que pueden aparecer son un grave riesgo de desnutrición, acompañado de anemias, descalcificación ósea, pérdida excesiva de cabello, baja producción de leche materna, alteraciones hormonales, piel seca, agrietada y deshidratada, problemas digestivos y cardiovasculares, restricción en el crecimiento intrauterino, disminución del líquido amniótico, parto prematuro o bajo peso al nacer, y, en casos extremos, causar la muerte de la madre o el aborto espontáneo.Pero los problemas no se dan sólo durante el embarazo, ya que las mujeres que padecen pregorexia tienen problemas para crear vínculos afectivos y por tanto, pueden tener dificultades para generarlos con el/la hijo/a durante el periodo de lactancia.Aunque la pregorexia puede desarrollarse en los primeros estadios del embarazo en mujeres sin desarrollo de un desorden alimentario previo, se considera que también puede extenderse a mujeres con historias previas de trastornos de la conducta alimentaria (especialmente anorexia), que quedan embarazadas durante un periodo de recuperación tras haber sufrido amenorrea (falta de menstruación), ya que puede tener ciclos irregulares que complican la eficacia, en su caso, de los anticonceptivos, pudiendo producirse el embarazo cuando la paciente es todavía muy vulnerable.El papel de la familia es fundamental en la detección de síntomas del trastorno dada la baja conciencia de enfermedad que tienen las mujeres que lo sufren, teniendo como señales de alerta la reducción del consumo de alimentos, el rechazo al propio cuerpo y al embarazo, el ejercicio excesivo, la obsesión con el peso y el bajo peso durante el embarazo. El apoyo emocional y la comprensión del entorno, así como la intervención psicológica especializada son fundamentales para superar con éxito estas problemáticas.

Patricia Boldú de Luelmo

véase también en: 
http://expertoentrastornosdelaalimentacion.com/blog/2014/06/10/pregorexia-un-trastorno-de-la-conducta-alimentaria-casi-desconocido/